
Retener o vender
Unas 72,6 millones de toneladas de soja y maíz continúan sin precio cerrado, mientras el poder de compra de los principales granos permanece por debajo de sus niveles históricos
Revista Chacra
La abundante cosecha 2025/26 llegó a la segunda mitad del año con una porción considerable pendiente de definición y un poder adquisitivo deteriorado frente a bienes relevantes para el productor. En ese escenario, un análisis del IERAL comparó la conveniencia de desprenderse ahora de las existencias e invertir los fondos o conservarlas bajo cobertura.
Durante los primeros siete meses de 2026, la soja logró recomponer parte de su capacidad de compra respecto del mismo período de 2025, pero se ubicó todavía por debajo del promedio de la década anterior frente al costo de vida, los fertilizantes y la maquinaria agrícola. A su vez, el maíz mostró una recuperación mucho más limitada, mientras que el trigo presentó el panorama más desfavorable.
En relación con el Índice de Precios al Consumidor (IPC), la oleaginosa quedó aproximadamente un 19% por debajo del promedio registrado entre 2016 y 2025, y la pérdida alcanzó el 23% en el maíz y llegó al 32% en el caso del trigo. De esta manera, en comparación con el año pasado, el primero mejoró 11%, pero los otros dos retrocedieron 7% y 9%, respectivamente.
La situación también resultó desfavorable al medir la capacidad para adquirir fertilizantes, registrando una disminución del 18% para la soja, el 21% para el maíz y el 30% para el trigo frente a la urea y el fosfato diamónico. Sin embargo, el glifosato mostró una realidad distinta, ya que los dos productos estivales conservaron una relación superior a la media de largo plazo.
Con la maquinaria, aunque la oleaginosa recuperó entre 21% y 27% frente a 2025, todavía necesitó más toneladas que las habituales para acceder a estos bienes de capital. De esta manera, su capacidad permaneció entre 7% y 12% por debajo de la referencia histórica, mientras que el retraso osciló entre 11% y 15% para el maíz y entre 22% y 26% para el trigo.
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Más de 70 millones de toneladas sin cotización definida
Esta debilidad coincidió con un importante remanente de producción sin valor fijado, ya que al 12 de agosto, solamente 17,7 millones de toneladas de soja contaban con una operación cerrada, equivalentes al 35,7% de una cosecha estimada en 49,5 millones. Otras 7,2 millones ya habían sido adquiridas bajo modalidades a fijar y 24,6 millones todavía no habían sido compradas por exportadores o industrias.
En total, 31,8 millones de toneladas de la oleaginosa, el 64,3% de lo recolectado, permanecían sin cotización definitiva. Con estas cifras, el avance se encuentra rezagado frente al 47,4% que tenía valor acordado en igual momento del ciclo previo y a la mediana histórica del 46%.
En el caso del maíz, 30,2 millones de toneladas sobre una producción calculada en 71 millones ya habían asegurado una referencia, mientras que otras 6,5 millones fueron compradas bajo condiciones pendientes de fijación. De esta manera, 40,8 millones, correspondientes al 57,4% del volumen total, continúan expuestas a futuras decisiones comerciales.
Las proyecciones indicaron que entre mediados de agosto y diciembre podrían encontrar comprador y cotización entre 14,4 y 20,4 millones de toneladas de soja. Para el cereal, el rango estimado se extendió desde 15,1 hasta 21 millones, según la intensidad que alcanzara el ritmo de negocios durante los meses siguientes.
Una señal contundente para el maíz
El cálculo elaborado con valores vigentes al 25 de agosto mostró que retener maíz con cobertura hasta diciembre de 2026 ofrecía una tasa nominal anual en pesos del 69,6%. Venderlo de inmediato e invertir el dinero en LECAP o BONCAP rendía 26,2%, por lo que la primera alternativa daba un resultado al vencimiento 12,9% superior.
Sin embargo, la ventaja disminuía al extender los plazos, aunque seguía vigente en todas las posiciones comparables. Las tasas derivadas de postergar la entrega física alcanzaban 58,9% en enero, 48,5% en marzo, 45,9% en abril y 37,9% en julio de 2027. Por eso, la estructura del mercado daba una señal clara para conservar el cereal y diferir su comercialización.
Soja en equilibrio y trigo con otra lógica
En soja, la diferencia resultó mínima, ya que mantenerla cubierta hasta noviembre generaba una TNA del 29,9%, contra el 26,1% correspondiente a liquidarla y colocar los pesos, pero la ventaja acumulada era de apenas 0,9%. Para enero se reducía al 0,6% y, desde mayo de 2027, la opción financiera pasaba a ofrecer mejores resultados.
Fuente: IERAL
El trigo presentó una respuesta inversa en el corto plazo, ya que desprenderse del stock e invertir superaba levemente a conservarlo durante noviembre y diciembre. Así, el bajo poder adquisitivo ayudó a explicar la resistencia de los productores a cerrar operaciones, aunque no alcanzó por sí solo para definir una estrategia. La decisión final dependió de los costos de almacenamiento, las necesidades de liquidez, el endeudamiento y el rendimiento neto que cada explotación pudiera obtener por postergar la venta.
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